James H. Soul

Un artista único en plena era digital

iA James H. Soul (1970) no le gusta hablar de su vida; hacen que se sienta incómodo y elude las preguntas sobre el tema haciendo alguna broma o remarcando que probablemente sea cierto. Nacido de madre holandesa y de padre desconocido, James viajó mucho durante su infancia, junto con sus hermanos y familiares. Los rumores dicen, o al menos eso he llegado a creer, que su padre fue el batería de una famosa banda por la década de los ’70.

Su hermana pequeña vive en Porto Seguro, en Brasil. Él no lo niega, y añade con resentimiento que fueron abandonados por sus padres en Pretoria, Sudáfrica, mientras la banda de su padre se encontraba de gira en ese país.

James, Carmen y Haché, su hermano pequeño, se encontraron de pronto solos en un hotel de lujo, con sus padres desaparecidos tras una noche de alcohol y drogas. Después de pasar una semana viviendo en el hotel, su tía los llevó con ella a su casa en Ámsterdam, donde pasaron la mayor parte de su adolescencia. Allí fue donde James comenzó a experimentar y desarrollar sus habilidades creativas mezclando, desde un principio, la fotografía y la pintura.

Sin embargo, un incendio en casa de su tía, destruyó la mayoría de sus trabajos iniciales. Solo unos pocos de ellos, que mantiene en un lugar seguro, se salvaron. Después del incidente, los tres hermanos vagaron alrededor del mundo y poco se sabe de sus vidas hasta que en 2010, conozco a James en el restaurante de un amigo en Ibiza. Él trabajaba como camarero, no tenía ninguna pinta de artista y era muy abierto y fiestero. Me gustó desde el principio.

Después de una noche de fiesta, parte del grupo de amigos que habíamos salido, incluido yo, fuimos a su pequeño apartamento, donde vi algunas de las obras que había ido haciendo de vez en cuando. Me impresionaron mucho ya que no se parecían a nada que hubiese visto hasta el momento, con la posible excepción de los trabajos de Peter Beard – aunque sin el exotismo de África – o quizás aquellos de Robert Rauschenberg con sus típicos collages y mezcla de técnicas.

Le propuse a James dejar Ibiza y venirse conmigo a Barcelona, donde lo ayudaría a desarrollar todo el talento que veía que tenía pero que, por varias razones, no había podido explotar. Llegó a Barcelona poco después y nos pusimos a trabajar en su primera sesión de fotos: un completo desfile de procesos manuales como no había visto en mucho tiempo, una cámara con placas de negativos, y horas en el laboratorio fotográfico: «Había olvidado cómo olían los líquidos – me dijo–, papeles artísticos, brochas, acuarelas, plumas, tinta… un complejo proceso que era totalmente manual. Un artista único en plena era digital; eso es James.

www.jameshsoul.com